domingo, 15 de enero de 2012

Generar negocio a través de la colaboración

elperiodicodearagon.com por DAVID Romeral.- En estos momentos donde el paro, la crisis financiera y la subida de impuestos continuan acaparando las portadas y las noticias de la sección de Economía, vamos a intentar aportar nuestro pequeño granito de arena para insuflar algo de optimismo a una situación económica preocupante.

No hay recetas mágicas contra la crisis: ni las medidas de política económica ni los cambios legislativos que puedan flexibilizar nuestros regulados mercados, conseguirán tener un efecto inmediato sobre el crecimiento económico y, más importante aún, sobre el empleo. Serán las actuaciones individuales de todo el tejido económico (trabajadores y empresas) las que permitirán iniciar la recuperación.

¿Y qué puedo hacer yo empresa, o yo trabajador, para comenzar esta recuperación? Colaborar. Sencillo, ¿verdad? Pongamos un ejemplo concreto. Hablemos de los clusters, "un grupo de empresas e instituciones conexas, concentradas geográficamente, que compiten en un mismo negocio, y que tienen características comunes y complementariedades" (Michael E. Porter). Las empresas que están dentro de un cluster son más eficientes, comparten tecnología y conocimiento de manera más abierta, comienzan nuevos negocios más fácilmente e implantan las innovaciones con mayor rapidez. Existe evidencia empírica de que las regiones con clusters consolidados obtienen mejores resultados económicos e innovan más, porque, aunque las empresas sean competidoras, colaboran entre sí.

La competitividad en las economías más avanzadas está impulsada por el conocimiento, y saber cómo acceder a él es clave para generar negocio y poner en marcha oportunidades que el mercado nos puede traer cada día. Si hace un año nos hubieran dicho que una sociedad cooperativa vasca dedicada al sector educativo, una sociedad anónima murciana del sector inmobiliario y una cámara de comercio aragonesa iban a formar un consorcio y obtener un contrato para la gestión de un centro de formación del sector de la automoción en un país del Norte de África, no lo hubiéramos creído. Ninguno de los tres agentes implicados hubieran podido por sí solos obtener el proyecto; a través de la colaboración, hoy, tras nueve meses de esfuerzo y trabajo en equipo, el proyecto es una realidad.

Harvard hace clases en Buenos Aires

Lanacion.com.ar .- Hubo 48 alumnos que cursan el master en Gestión de Negocios de Harvard (MBA, por sus siglas en ingles) que pasaron por Buenos Aires y que trabajaron las primeras semanas de enero en empresas porteñas. La experiencia terminó ayer con una presentación de los equipos conformados por seis alumnos a cada firma de las que fueron huéspedes.

Ocurre que la prestigiosa universidad realizó un cambio innovador en su programa de estudios. A los ya conocidos casos de empresa que se debaten en las aulas, ahora los 900 estudiantes que entran cada año también deben realizar una práctica en alguna empresa de los 14 países, en su mayoría economías emergentes, que forman parte del programa.

Entre las firmas con sede porteña están Arcos Dorados, L'Oreal, Banco Galicia, Freddo, Grimaldi, Alto Palermo, Havanna y Quilmes.

La idea, cuenta Gustavo Herrero, director de la sede de América latina de investigación de Harvard, es enfrentar a los alumnos "cara a cara" con la realidad. "Es una gran reforma que está haciendo la universidad de la educación de los MBA, un cambio revolucionario", explica.

También -apunta Herrero- el cambio responde a un objetivo de los profesores para que sus alumnos puedan llevar los aspectos técnicos a una experiencia concreta.

Uno de los requisitos es que el estudiante no sea originario del área en el que le tocará trabajar. Por ejemplo, el argentino Sebastián Berardi experimentó en la Bolsa de Valores de Bombay, unas de las más importantes de India. "Fue una gran experiencia, donde analizamos el mercado de ETF's", contó a LA NACION.

La práctica le sirvió para aprender. "Entendí cómo funciona el mercado de un país emergente, aprendí sobre un producto específico y de la influencia de la cultura india en los negocios", describe Berardi.

Entre los que vinieron a Buenos Aires está, por ejemplo, Blake Rice, un ex marine que combatió en Irak y que formó parte del equipo de L'Oreal. "Aprendimos mucho sobre el actual clima de negocios en la Argentina y los desafíos y oportunidades de una multinacional que opera en el país", contó.

Ambas partes ganan. Por un lado, los alumnos ganan experiencia de management, mientras que las empresas cuentan por un par de días con personal calificado sin gastar un centavo. Sin embargo, aún resta analizar si el corto período de tiempo que dura la experiencia surte el efecto esperado.

Un atractivo de la iniciativa es que los alumnos pueden terminar por trabajar en culturas opuestas a las suyas. Las opciones van desde Ghana en Africa; Chonquing, en China; Estambul, en Europa; Bombay, en Asia, hasta una heladería en el centro porteño.

Cada año los alumnos desembolsan alrededor de US$ 100.000 para estudiar en la escuela de negocios donde, a contramano de lo que podría pensarse, menos del 30% posee educación previa en administración. En sus aulas, la filosofía para el management tiene tres pilares: conocimientos, herramientas y prácticas. Los cambios, cuenta Herrero, responden a reforzar el último eslabón.